RELACIÓN DE LA PÉRDIDA AUDITIVA Y LA COGNICIÓN

Audióloga Diana María Irurita

La  pérdida auditiva está directamente relacionada con el proceso normal de envejecimiento. Aproximadamente el 29% de la población adulta mayor entre los 60 y 69 años, presenta una perdida auditiva leve (de 25 dB). Por tanto, presentan  mayor riesgo de desarrollar un deterioro cognitivo, al estar menos estimulados auditivamente su cerebro. Se ha encontrado que personas con pérdida auditiva leve, moderada o severa pueden presentar respectivamente dos, tres y hasta 5 veces más posibilidades de desarrollar demencia.

De acuerdo a varias investigaciones, existe una estrecha interrelación entre el nivel de audición y la función cerebral en las personas mayores. La memoria y el desarrollo del pensamiento podrían afectarse, cuando el cerebro está obligado a hacer un esfuerzo adicional para interpretar los sonidos que recibe con dificultad.

Se logra evidenciar, efectos negativos a partir de los tres años a nivel de la memoria y a los siete años a nivel de pensamiento. Las personas con pérdida auditiva sufren una disminución en sus habilidades cognitivas aproximadamente un 40% más rápido que respecto aquellas con audición normal.

Así mismo, un déficit auditivo no sólo afecta la percepción y la compresión del habla, también condiciona el nivel de participación social del individuo. Debido a las dificultades para comprender los sonidos y el significado de las palabras, seguir las conversaciones o incluso ver la televisión al mismo volumen que los demás; las personas dejan de asistir a cine, teatro, reuniones familiares, eventos sociales, entre otros. Sin tener en cuenta, que estas complicaciones son aún mayores en ambientes ruidosos, emisiones orales excesivamente rápidas o con diferentes interlocutores al mismo tiempo.

 

Estas circunstancias producen un aislamiento social en la persona con pérdida auditiva que puede acelerar el deterioro cognitivo a corto, mediano y largo plazo. Las dificultades en la comunicación e interacción social intervienen en las funciones  auditivas centrales y habilidades cognitivas.  Además, aumenta la tendencia a la depresión, disminución de la autoestima y aumento significativo del estrés familiar, hechos también evidenciados en cierto grado de demencia.